Hace ya casi tres semanas conocí a Raisa, una jovencísima blogger que escribe muy bien y que, además de tener una curiosidad y sensibilidad extrema por todo tipo de cosas que ya no le interesan a la mayoría de la gente joven, le apasiona la moda. Raisa y yo nos cruzamos en este infinito mundo de redes en un vértice concreto y así, espontáneamente creció nuestra admiración. Debo reconocer que desde que me hice adicta a su blog pensé que era mayor y me llevé toda una sorpresa cuando, después de citarnos en un café de Miraflores, me contó, entre otras cosas, que solo tenía 19.
Nuestra conversación queda resumida con mucha “objetividad” (si es que se puede hablar de ella cuando escribes desde tu punto de vista) en un post que ella a titulado:
“Mona no tiene personalidad”
Querida Raisa,
Muchas veces la gente de mi edad o mayor aún que yo, me pregunta por qué me gusta tanto estar y compartir mi mundo con gente tan joven. No padezco de ningún síndrome de Peter Pan ni cosa por el estilo, tampoco muero desesperadamente por rodearme de efebos ni de vírgenes. Es más los encuentro aburridos. A mi lo que me gusta es la gente como tú, así tenga 15 o 18 o 95. Con el cerebro bien amoblado, con ideas propias y frescas, con una voz clara y fuerte -no literalmente-. Y sé que a medida que pasen los años serás aún más interesante y fascinante.
Soy solitaria -mucho, creo que cada vez más-, pero a veces venzo mis temores, mis propias frustraciones, mis propias angustias y salgo a la calle, a dar una mirada, y a esperar con nerviosismo a una persona nueva sentada en un café. Estas escapadas a la realidad a veces me decepcionan (como a todos), pero otras veces (creo que son las más) me llevó tremendas y gratas emociones cuando me doy cuenta de que él que está enfrente es un mundo fascinante y por descubrir. Eso reconforta mi oscuro espíritu y me da fuerzas para seguir, para no sentirme tan sola y para llegar a mi casa, mirar el techo y pensar que conozco maravillosas islas, continentes, mundos, universos y que si quito toda la basura mental que a veces nubla mis ideas, puedo sentir a esos lugares invisibles (recordando a Calvino) muy cerca de mi corazón y de mi espíritu (si tengo, aunque parece que no. ja!).
Todo este bla bla bla para agradecerte un post tan sincero y tan tuyo, pero mío. No abro mi corazón con todo el mundo y tampoco soy tan verborreica como esa noche. Me sucede solo con gente con la que conecto al instante porque existe una ley básica que rige mi animalidad, se llama instinto, y pocas veces me falla. Concuerdo con Lucía Cuba que te espera -y vislumbro para ti- un futuro brillante.
La biblioteca de mi hogar te espera cuando quieras.
Cariños sinceros,
Mona