//Divino caos//
“Todos los días el mismo alboroto” me dice Sónica mientras me ayuda a recoger el desastre. Solo puedo hacer un ruidito como respuesta. El caos que queda después de entrar con pie izquierdo a mi reino es la materialización de mis frustraciones. Ella lo sabe más que de sobra, por eso ya ni abro la boca.
Mientras recogemos en silencio calcetines sin pareja, zapatillas deportivas, abrigos ligeros, pantalones rockeros de piel y rayas, calzones de encajes, sujetadores deportivos, botines rockabilly, pienso que su silencio es como una daga. Sónica no me habla porque no quiere que explote y la quiero más por eso. Mientras levanto con rapidez una diadema en forma de tiara me doy cuenta que aún no se lo he dicho. Ni una cosa ni la otra: nunca le he hablado sobre el daño que me hace su silencio en el ritual del clóset ni la ternura y tibieza que me producen sus buenas intenciones.
Agachadas recogiendo mi despropósito chocamos, en silencio y sin querer, nuestras cabezas. Ella levanta rápida e instintivamente su mirada y se encuentra con la mía. Entonces empiezo a llorar. Me tumbo indefensa en la mitad de aquella confusión desparramada y espero a que una grieta se abra inmediatamente y me devoré sin más. Cierro los ojos, espero el momento y lo único que siento es el aliento cálido de Sónica en mi cara.
“Vamos, ya pasará. Sabes bien que ya pasará”. Y se acuclilla a mi lado mientras me limpia las lágrimas y me acaricia el pelo, sonriendo. Me lanzo a su regazo y la abrazo con fuerza. Tengo miedo que el caos me devore, no solo el de mi clóset sino el de mi vida entera. Nos quedamos un rato así, una muy cerca de la otra. Yo tiemblo tímidamente porque odio que ella me vea tan derrumbada.
Mantengo los ojos cerrados y pienso que debo aceptarme como soy para poder estar con ella. Mientras no acepte mi condición de volatilidad y apasionamiento anímico, gracias a mis neurotransmisores, mi clóset seguirá siendo el chivo expiatorio de mis enredos mentales y Sónica seguirá siendo solamente la chica que comparte piso conmigo y que me ayuda los fines de semana a recoger mis confusiones en forma de ropa.











