01.08.10

//Divino caos//

“Todos los días el mismo alboroto” me dice Sónica mientras me ayuda a recoger el desastre. Solo puedo hacer un ruidito como respuesta. El caos que queda después de entrar con pie izquierdo a mi reino es la materialización de mis frustraciones. Ella lo sabe más que de sobra, por eso ya ni abro la boca.

Mientras recogemos en silencio calcetines sin pareja, zapatillas deportivas, abrigos ligeros, pantalones rockeros de piel y rayas, calzones de encajes, sujetadores deportivos, botines rockabilly, pienso que su silencio es como una daga. Sónica no me habla porque no quiere que explote y la quiero más por eso. Mientras levanto con rapidez una diadema en forma de tiara me doy cuenta que aún no se lo he dicho. Ni una cosa ni la otra: nunca le he hablado sobre el daño que me hace su silencio en el ritual del clóset  ni la ternura y tibieza que me producen sus buenas intenciones.

Agachadas recogiendo mi despropósito chocamos, en silencio y sin querer, nuestras cabezas. Ella levanta rápida e instintivamente su mirada y se encuentra con la mía. Entonces empiezo a llorar. Me tumbo indefensa en la mitad de aquella confusión desparramada y espero a que una grieta se abra inmediatamente y me devoré sin más. Cierro los ojos, espero el momento y lo único que siento es el aliento cálido de Sónica en mi cara.

“Vamos, ya pasará. Sabes bien que ya pasará”. Y se acuclilla a mi lado mientras me limpia las lágrimas y me acaricia el pelo, sonriendo. Me lanzo a su regazo y la abrazo con fuerza. Tengo miedo que el caos me devore, no solo el de mi clóset sino el de mi vida entera.  Nos quedamos un rato así, una muy cerca de la otra. Yo tiemblo tímidamente porque odio que ella me vea tan derrumbada.

Mantengo los ojos cerrados y pienso que debo aceptarme como soy para poder estar con ella. Mientras no acepte  mi condición de volatilidad y apasionamiento anímico, gracias a mis neurotransmisores, mi clóset seguirá siendo el chivo expiatorio de mis enredos mentales y Sónica seguirá siendo solamente la chica que comparte piso conmigo y que me ayuda los fines de semana a recoger mis confusiones en forma de ropa.

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17.07.10

Sincera generosidad

Hace ya casi tres semanas conocí a Raisa, una jovencísima blogger que escribe muy bien y que, además de tener una curiosidad y sensibilidad extrema por todo tipo de cosas que ya no le interesan a la mayoría de la gente joven, le apasiona la moda. Raisa y yo nos cruzamos en este infinito mundo de redes en un vértice concreto y así, espontáneamente creció nuestra admiración. Debo reconocer que desde que me hice adicta a su blog pensé que era mayor  y me llevé toda una sorpresa cuando, después de citarnos en un café de Miraflores, me contó, entre otras cosas, que solo tenía 19.

Nuestra conversación queda resumida con mucha “objetividad” (si es que se puede hablar de ella cuando escribes desde tu punto de vista) en un post que ella a titulado:

“Mona no tiene personalidad”

Querida Raisa,

Muchas veces la gente de mi edad o mayor aún que yo, me pregunta por qué me gusta tanto estar y compartir mi mundo con gente tan joven. No padezco de ningún síndrome de Peter Pan ni cosa por el estilo, tampoco muero desesperadamente por rodearme de efebos ni de vírgenes. Es más los encuentro aburridos. A mi lo que me gusta es la gente como tú, así tenga 15 o 18 o 95. Con el cerebro bien amoblado, con ideas propias y frescas, con una voz clara y fuerte -no literalmente-. Y sé que a medida que pasen los años serás aún más interesante y fascinante.

Soy solitaria -mucho, creo que cada vez más-, pero a veces venzo mis temores, mis propias frustraciones, mis propias angustias y salgo a la calle, a dar una mirada, y a esperar con nerviosismo a una persona nueva sentada en un café. Estas escapadas a la realidad a veces me decepcionan (como a todos), pero otras veces (creo que son las más) me llevó tremendas y gratas emociones cuando me doy cuenta de que él que está enfrente es un mundo fascinante y por descubrir. Eso reconforta mi  oscuro espíritu y me da fuerzas para seguir, para no sentirme tan sola y para llegar a mi casa, mirar el techo y pensar que conozco maravillosas islas, continentes, mundos, universos y que si quito toda la basura mental que a veces nubla mis ideas, puedo sentir a esos lugares invisibles (recordando a Calvino) muy cerca de mi corazón y de mi espíritu (si tengo, aunque parece que no. ja!).

Todo este bla bla bla para agradecerte un post tan sincero y tan tuyo, pero mío. No abro mi corazón con todo el mundo y tampoco soy tan verborreica como esa noche. Me sucede solo con gente con la que conecto al instante porque existe una ley básica que rige mi animalidad, se llama instinto, y pocas veces me falla. Concuerdo con Lucía Cuba que te espera -y vislumbro para ti- un futuro brillante.

La biblioteca de mi hogar te espera cuando quieras.

Cariños sinceros,

Mona

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13.07.10

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22.06.10

Somos en Somos

Gracias a Ana Paola, Lorena, Yayo y Víctor por hacer de una cosa para mi incómoda (me resulta difícil enfrentarme a una cámara que no sea la mía) una de las mejores tardes de este año. Aquí les sigo esperando con la botella de whisky en la mano. Recuerden: mi casa siempre será la de ustedes. Por siempre, Gracias.

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