A las puertas del colegio
No fui muy feliz en el colegio, aunque ahora que soy mayor, me precio por haber estudiado en el colegio que estudié y me siento satisfecha de haber recibido la educación que recibí. Eso sí, mi alma mater de la secundaria (un colegio de monjas) jamás me hubiera dejado lucir una falda como la de este post. Recuerdo que lo más osado que hacíamos las chicas en ese entonces era subirle a la altura de la falda como fuera -y con lo que fuera-: con ganchos de ropa, con cinta adhesiva, con grapas…. Pero no mucho más de “arriba de la rodilla” porque aunque aquellas damas eran monjas, no tenían ni un pelo de tontas y la ley se debía cumplir. Jugábamos, entonces, con el efecto óptico. Subirle un poco a la falda y bajar las medias. Usábamos medias muy cortas o medias que se “torcían” y al hacerlo formaban infinitas figuritas con sus canaletas. Todo dependía de la creatividad y la maestría manual de cada chica.
La necesidad de diferenciación a través de la moda es algo evidente. Cuando se es adolescente podría decirse que es casi primordial, pero esa diferencia esta circunscrita a la tribu. Así que en mi vida cotidiana escolar me topaba casi siempre con tres tipos de chicas: ”las ñoñas” que llevaban el uniforme como estipulaba el reglamento (¡obvio!), “las tremendas” que llevaban la falda muy corta o haciendo gala de sus trucos ópticos y fashionistas y, “las raras”, ese grupo en el que tenían que entrar las “otras” y al cual pertenecía todo lo que no tenía cabida en los dos anteriores. Yo, lastimosamente, pertenecí al tercero.
Y aquí, si me permiten, me voy a extender. Caí en el grupo de las “raras” porque: 1. Llevaba el pelo muy largo y dicen que casi no se me veía la cara. 2. Tenía tantas pulseritas* de hilo, tela y cuero en las muñecas que cualquier monja se habría aburrido a la mitad si se hubiera planteado la osadía de contarlas. 3. Siempre llevaba el ruedo/doblez/dobladillo/basta/ de mi “jardinera” escocesa -así la llamaban- medio suelto/a y más arriba de donde estaba establecido. 4. Mi delantal de cuadros, que se ajustaba con una larga fila de botones en la parte de atrás y cuya función primera era proteger al uniforme, lo llevaba usualmente desabrochado. 5. Llevaba los calcetines cortos. 6. Poseía una innumerable colección de collares artesanales colgados y amarrados al cuello. 7. Y para terminar, no sé porque diablos, los cordones desatados.
En apariencia, calzaba a la perfección en ese grupo, pero en realidad lo gregario no hace parte de mi credo personal. Fueron tiempos duros para mi porque fueron años de mucha soledad. Mientras ellas hablaban de sus primeros encuentros sexuales, yo leía sin parar. Recuerdo que me obsesionaba (como hasta hoy) con la música que escuchaba mi papá. Investigaba todo acerca de sus músicos favoritos, leía de todo, leía sin parar, leía y leía y leía… y los libros terminaron convirtiéndose en mis mejores amigos.
Pero, volvamos al uniforme. El invento nacido para estandarizar la apariencia de un grupo, para arrebatar la individualidad termina modificado en la escuela. El ejercicio es muy sencillo: sólo hay que estacionarse frente a la puerta de cualquier colegio para convencerse de que el instrumento de la “igualdad” y de la “homogeneidad” es solo una teoría que no se puede hacer cumplir en las aulas de clase. Ni siquiera las monjas, o los internados ingleses logran minar el ánimo de los chicos y chicas que los portan porque las hormonas, la creatividad y las ganas de ser ellos mismos (dentro de un grupo) pueden más. Extraña mezcla la de los humanos: tan rebaño y tan únicos al mismo tiempo…
Este post es mi homenaje al uniforme de colegio que porte por años (muy bonito por demás), a la diferencia, a la individualidad, al manga japonés*, a la influencia británica de mi papá y a la francesa, de las monjas que me educaron.
*Manillas en Colombia.
*Mucha de la estética otaku proviene de las historietas que se desarrollan en las escuelas japonesas donde es obligatorio el uso del uniforme: para las chicas, el estilo marinero y para los chicos, el estilo militar.
REFERENCIAS DE HOY:
El uniforme escolar, los internados ingleses, el manga japonés en su versión Sailor Moon y Gossip Girl
OUTFIT:
Vestido escocés > Sisley + Medias blancas de colegio + Botas negras > Cubanas + Jersey de punto > MNG + Trench Coat > Sisley + Rayban blancas Wayfarer + pulsera de cuero vintage
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Fotografías:
Mono Hermosilla
Locación: Av. La Mar








