
En el Japón de hace dos mil años, cuando todas las mujeres vestían kimonos estampados, una de ellas se acostumbró a llevar hakama (袴 ) y una sencilla camisa de seda cruzada de un solo color, siempre oscuro. Cansada de oír contar lo que había ocurrido, decidió escribir lo que sentía; no quiso tener hijos y, cuando los tuvo, procuró que no fueran lo que debían sino lo que quisieran. Nunca se casó con el que amó y cuando este murió no lo enterró, lo sumergió en el mar de su infancia. Vieja y cansada decidió no espera la muerte y seguirlo.
A lo largo de los siglos quienes conocieron la historia, que voló de boca en boca, la llamaron loca, rara, excéntrica, romántica, feminista, sufragista. Mi mejor amiga de la infancia, a la que apenas me une un LP de los Ramones, dice de ella que fue la primera punk. *
* (Una historia contada por un amigo mitómano)

Me llaman M. aunque mi nombre no importa. Lo que si interesa es que deseo con ardor al hombre de otra, que me gusta el sexo, la soledad, mirarme en el espejo desde hace tiempo para olvidarme de todo y cantar bajo la ducha mientras imagino escenas de vídeo clips protagonizados por mi.
Mi historia no tiene nada de especial. Quizás el único rasgo característico de mi vida es que me gusta complicarme, en el fondo. Sobretodo cuando vivo en la ciudad. He vivido en megápolis casi todos los días de mi vida, exceptuando abducciones espaciotemporales -generadas por mi misma- que me llevaron a descubrir otros lugares y personas que jamás hubiera soñado siquiera que podrían existir en este mundo. Reconozco que nunca he visto seres con dos cabezas, ni hombres que hayan vivido más de doscientos años. Tampoco he visto niños con cola de cerdo, ni comunidades lejanas con poderes paranormales legado de una civilización extraterrestre. De todas formas, he observado con atención otras cosas que han orbitado a mi lado, en mi y hacia mi, convertiéndome en una voyeur obsesiva e incurable. Soy una mirona compulsiva. Lo mío es el método de la observación participante: mirar para acercarse y terminar hundida hasta el cuello en la realidad.

Hoy en día paso del sueño adolescente y rosa de ser la “muñequita” de alguien. Lo único que me queda de ese sueño es haber pasado por muchas manos. Mi vida tiene ese punto trágico que se tambalea entre lo cáustico y lo divertido. Soy un personaje que sigue buscando y no tiene ni la más puta idea de que hacer con su vida. La sensación de abandono que siento hoy, mientras estoy en esta lavandería, tiene que ver con eso, con que estoy sola en este mundo de mierda gastándome en este juego la única vida que me queda. Porque aunque vivo entre incertidumbres tengo la certeza de que esta vida es la única es este simulacro de guerra.

Mi historia se desarrolla en lugares abstractos y oscuros, pero lugares no fijos. La comodidad de lo estable me pone tensa, por eso el movimiento es vital para sentirme libre y por que no, anárquica.
Me gustan las dificultades. Una vida sin tropiezos no tendría sabor alguno. No pretendo alcanzar la plácida felicidad a la que muchos aspiran. En este mundo tan castrante y convencional, donde lo único que importa es el dinero, me doy por bien servida si al levantarme de la cama se me dibuja una sonrisa.

Me gusta el exceso, soy desbordada y creo que seguir viviendo es la muestra de que las oraciones de mi madre han servido para protegerme. Lo curioso es que soy atea y no creo en la reencarnación, por eso he desarrollado el “método de la aspiradora” frente a la vida: inhalo cada porción de aire como si fuera la última. Quien sabe si al siguiente minuto ya no esté aquí para darme cuenta de que, aunque todo luce gris y opaco, existen por ahí destellos de luz que brillan.
Pero eso si, creo en el poder de las mujeres de la cultura pop. Las fuertes, las que sobreviven a los malos tratos, a las etiquetas, a las adicciones y hacen de su vida algo digno de ser revisado una y otra vez. Mi sueño es que algún día, cuando vuelva a esta lavandería, deje de sentirme sola y él mundo me regale un minuto de cobijo.

REFERENCIAS DE HOY:
Londres en los 70. Patti Smith, Dee Dee Ramone, Johnny Thunders y Sid Vicious. Los punketos de mi ciudad, los punks que duermen en las estaciones de metro en las grandes ciudades. Los parias, los renegados, los olvidados.
OUTFIT:
Abrigo de pelo > MNG > Camisa de rejilla > Sisley + Leggins > Calzedonia + botas > Havanas + mini de jeans > Kidsmadehere + Cinturón con remaches > Bimba y Lola + todos los accesorios > Tous.
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Sobre el libro (una invitación):
