
Creo que tengo síndrome de Diógenes: acumuló todo lo impreso que cuenta algo interesante. Libros y revistas me rodean por doquier; me dedico a un negocio que tiene que ver con el papel, el libro, el diseño, lo táctil y sobretodo lo visual. Ergo, nadie se sorprendería si le dijera que además de coleccionar libros (mi media naranja y yo vamos ya por los 3000 títulos) me fascinan las revistas. Pero eso si, soy tan particular y rara en su selección, compra, revisión y lectura como en las demás dimensiones de mi vida (y sinceramente me da igual).
Pero volvamos a las revistas. Empecé a coleccionarlas hace más de 15 años y no precisamente los temas tenían que ver con moda o con estilo sino que se relacionaban directamente con las cosas que más me apasionaban -y me siguen apasionando- como el cine y la fotografía, el arte contemporáneo, la divulgación científica, la literatura y sobretodo la música. De hecho, recuerdo que mi primera colección notable antes que National Geographic (que después heredó mi hermana, la científica) fue la de “Muy Interesante”.
Siendo adolescente necesitaba explicación a las cosas que me rodeaban -eso no cambiará nunca, creo- y como soy atea desde chica, en el colegio entendí que la física y la ciencia en general podría ser una especie de “dios” más terreno que vendría a resarcirme de mi ignorancia y me explicaría, con tino y paciencia, todo lo que sucedía a mi alrededor, se viera o fuera imperceptible ante mis ojos. Así me volví fanática de las revistas.
Si mi papá me hizo fan de la lectura y de los libros, el primo que más quiero me convirtió a la religión del magazine, pues era él quien me regalaba sus “Muy Interesante” después de habérselas leído de cabo a rabo. DF (el primo en cuestión) fue capaz de entender -de forma inconsciente- que a mi, además del contenido me atraía lo otro: las imágenes, la forma en la que se disponía el texto dentro de las páginas, las tipografías. Ya sé que esta revista no era un compendio ejemplar de diseño gráfico, pero era lo que consumía. Su contenido me gustaba y mi sentido crítico, les aseguro, fue implacable.
Entonces y para alegría de mi espíritu insaciable, mi padre se suscribió a la revista “Diners” que tenía unos interesantes artículos sobre actualidad, arte, cultura general y política. Él, como buen lector que era, le gustó eso de estar “conectado con el mundo”* y decidió suscribirse a otras publicaciones más: “Cambio 16″ y “Semana”. Gracias a “Diners” me volví consumidora de revistas de tendencias (en esa época no existía la palabra más manida de la jerga actual). Con “Cambio” y “Semana” me formé un espíritu crítico y un cierto olfato en cuánto a política y actualidad colombiana.
*Por esa época estabas más enterado y con más contexto, si leías buenas revistas. Faltaban años para que la tecnología hiciera posible que Arpanet se convirtiera en Internet.
Fue tal mi apasionamiento por las revistas, que, llegado el momento de hacer análisis de contenidos en uno de mis cursos de “Teorías de la Comunicación” fui la única que lo hizo seleccionando una revista como objeto de estudio.

Luego llegó “Geo“, “National Geographic“, “Fotogramas“, “Que leer“, “Nickel Odeon“, “Lápiz“, “Número“, “El Malpensante“, “Rockdeluxe“, “Spin“, “Rolling Stones“, “La Fotografía“, “Proyecto Diseño“, “Les Inrocks“, “Los Inrockuptibles“, la desaparecida “Dancedelux” y esto fue solo el comienzo porque a medida que iba creciendo y mi curiosidad por el mundo lo hacía en paralelo, yo seguí consumiendo revistas de toda índole: revistas sobre negocios y sobre artículos científicos más densos, revistas de literatura publicadas por las universidades en mi país, revistas sobre sexo y muuuuuuuuchos muchos comics.
Y claro, llegaron los 90 y con ellos un sinfín de publicaciones sobre tendencias y estilo de vida. Así que mi amor por la moda y el estilo, en realidad se gestó leyendo revistas como “Wallpaper*“, ”Flaunt“, “ID” (nacida en los ochenta), “Colors“, “Purple“, “The Face” y demás que cayeran sobre mis manos. Especial cariño siento por revistas como “Matador” -simplemente genial- y “El Paseante”, publicada por la Editorial Siruela. Las dos con temáticas específicas en cada número y de publicación anual. Las dos increíbles en sus formatos, en sus textos (los grandes pensadores contemporáneos han escrito para ellas) y en su diseño editorial. Gran escuela ha sido disfrutarlas, verlas, tocarlas, olerlas y claro, leerlas.

Supongo que a medida que me iba volviendo vieja y me apasionaba por todo lo que se relacionaba con la estética, fui adentrándome en el insondable mundo de la moda (es lo que tiene consumir tanta revista de tendencias) hasta caer en la compra y lectura de magazines más convencionales como Vogue, Glamour, Elle, Vanity Fair y demás publicaciones del main stream tipo Telva y nunca jamás jamás una Vanidades (es horrible a mi parecer).
Afortunadamente tenía mucho tiempo muerto en los aeropuertos -cuando viví mi época de investigadora viajera incansable y trota mundos- y las revistas se convirtieron en mis aliadas en las salas de espera. Así que entre desplazamientos y estreses por mi nacionalidad me recorrí el primer mundo con una cámara en la mano y con una mochila arhuaca en la que llevaba siempre un libro y una revista además de una libreta y un esfero**. En las salas de espera vi crecer, desarrollarse y madurar a Vanidad y a Neo2, y conocí un sinfin de publicaciones que ahora andan entre cajas en un depósito porque según yo me servirán de referencia para algo, alguna vez. (¿para qué?)
Especial cariño siento por “Arte y Parte” y “A mínima” dos revistas españolas sobre arte que me acompañaron en la soledad de mis estudios sobre arte, tecnología y estética; así como “Belio” que con cada número te enseñaba de acabados y generaban sus propia tendencia jugando con la producción gráfica. El cariño es exten
sivo a todas las revistas independientes que se publican alrededor del mundo con calidades conceptuales y de diseño impresionantes por lo auténtico de sus propuestas. Equipos que trabajan bajo mucha presión y que en muchos casos manejan presupuestos moderados, por no decir modestos.
Entonces llegó la red y flash y html y css y javascripit y códigos que hacen lo que les pides, como por ejemplo, pasar las páginas de una revista con sonido incorporado. No se necesitaba dinero para la impresión (que si quieres que sea de buena calidad termina siendo cara) y lo único que se necesitaba era un buen programador que volcara todo el espíritu de la revista a un código determinado. Así su revista llegaría a cualquier lugar del globo, en cualquier rincón que tuviera conexión a internet.
Tengo claro que las revistas me han agudizado el ojo, me han hecho más universal con un conocimiento más profundo de lo local, me han hecho matar el tiempo, me han descubierto y enseñado cosas, me han hecho reír, me han acompañado, me han sorprendido, me han mostrado artes y oficios inimaginados, me han regalado textos magníficos, me han hecho una mujer de su tiempo. Las revistas son actualidad actual. Presente fresco, no importa lo que pase mañana.
He seleccionado mis revistas favoritas para compartirlas con ustedes. Déjense seducir por su contenido, les aseguro no se van a arrepentir.
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nota: si conoce más títulos de magazines independientes de tendencias, moda, estilo y arte por favor, colaboré con esta lista y envíe un comentario con el debido enlace. En la columna de la derecha encontrará esta misma nube de tags que irá en aumento a medida que lleguen sus nuevos links.