
Aunque mi vida dista mucho de la vida de un amish (tranquilidad, habitat campestre, vida regida absolutamente por el libro sagrado de los cristianos, trabajo comunitario, consumo de productos frescos y sanos sin ningún tipo de químicos, cero acceso a los medios masivos de comunicación y a todos los “beneficios” otorgados por la electricidad, entre otras características), no significa que no pueda admirar la simplicidad de sus formas indumentarias, su monacal negro, los detalles de cada una de sus prendas.
En la vestimenta amish todas los excesos están de más incluyendo los colores estridentes. Supongo que tiene que ver con la forma en la que entienden la existencia. Toda ella regida por sus dos principios básicos, el primero y más importante, la humildad -llamada el gran valor de Demut que se aleja del orgullo, la arrogancia y que castiga el desprecio- y la Gelassenheit que se refiere a la calma, la compostura y la placidez. Bajo esas dos plataformas conceptuales se desarrolla la vida de estas comunidades agrícolas, de más de 230.000 habitantes, que hablan un idioma antiguo proveniente de una mezcla de alemán del siglo XVI y XVII mezclado con suizo de la misma época y denominado Deitsch o alemán de Pensilvania.

Pero volvamos a la rigurosidad en su forma de vestir. Pareciera que desde que llegaron a los Estados Unidos, siendo inmigrantes del norte de Europa y dejando atrás países azotados por la guerra, estas comunidades menonitas y anabaptistas trataron de conformar un grupo humano en el que la distancia marcada por ellos mismos frente a sus iguales -o sea, los otros- los protegería de todos los cambios a los que estamos sometidos como humanos (y dentro de ellos también se incluye la ropa).
Pegados a las tradiciones y enseñanzas de la biblia, los amish consideran que el cuerpo debe ser velado/ocultado con prendas amplias, poco llamativas, con pocos detalles, y sin ningún tipo de botones (tienen una connotación negativísima: les recuerda a las botonaduras de los uniformes militares y el militarismo). Solo se permiten los broches, ganchos y ojales. Por lo mismo los hombres nunca jamás pueden llevar bigote (asociados estos a la antigua tradición europea militar: los altos mandos siempre llevaban un cuidado mostacho).

La vestimenta para un amish a la larga tiene la misma connotación que para cualquiera de nosotros: expresa una forma de entender la vida. Para ellos la simpleza y funcionalidad de sus prendas los aparta del orgullo y la vanidad así como de la conciencia individual. Allí lo importante es servir a dios a través del servicio a los demás por lo que no hay mucho espacio para el culto al cuerpo propio que se considera vanal.
Pero el hecho de que no existan las tendencias y la moda dentro de este universo apartado y peculiar no significa que no exista creatividad. Toda su vestimenta es realizada a mano por las mujeres de la comunidad y son ellas las que eligen los géneros y telas. Muchas veces las telas a las que están acostumbradas suelen desaparecer del mercado y aparecen nuevos colores y nuevos tipos de mezclas en las prendas de los amish (poliester o rayón, mezclado con algodón para que las cosas no necesiten ser planchadas y tengan buena apariencia a pesar de las arrugas). Usualmente son las mujeres más jóvenes las que van haciendo pequeñas modificaciones en su exigente dress code y las que, por necesidad, incluyen nuevas gamas cromáticas (siempre colores sólidos y poco llamativos como el malva, el azul oscuro, el verde hierba, el gris y el beige para el verano) sin ningún tipo de estampado.

De todas formas, considero a los amish como un grupo humano evolucionado que ha sabido mantenerse al margen de la velocidad y superficialidad que existe en nuestras vidas modernas y occidentales. Con ello no quiero decir, que este de acuerdo en todas su prácticas sociales, económicas, educacionales y referentes a los temas de salud, pero si admiro su fuerza comunitaria para sobrepasar guerras y más guerras, luchas de poderes, cambios drásticos en los valores y mantenerse a raya, sin moverse un ápice, de lo que consideran importante para ser felices: humildad, más humildad, sencillez, simpleza, funcionalidad, sentido comunitario, respeto por los mayores y por las reglas.
Y aunque parezca ridículo que una caribeña se vista como un amish, digamos que hay días que me entra la sensatez extrema, las ganas de vivir un mundo menos infame y más brillante, tratando de regresar a lo simple -que al final es lo más complejo- y si, me dan ganas de vivir como un amish perdido en alguna granja de Ohio y lo expreso tratando de bajarle a las revoluciones de mi vida. Sin tanta alhaja y sin tanto ruido.

REFERENCIAS DE HOY
La simplicidad y elegancia atemporal del look masculino de los amish de América del Norte (Canadá y USA).
OUTFIT
Sombrero > vintage + jersey negro con hilos de plata > MNG + camisa plateada > Diesel + pantalón a los tobillos > Etro + botines > Looky + aretes > Claudia Stern + reloj > Chiodo de Gucci + Pulseras > Tous y Tanya Trahtemberg