
Últimamente siento que el mundo de la moda va cada vez más a prisa, que hay una infinidad de propuestas, pero que todas ellas se centran en -más o menos- tres tendencias fuertes que hay que seguir para ser “actual” y “estar a la moda”. El ritmo de producción y de consumo en el que vivimos y sobrevivimos nunca antes fue tan frenético. Ni siquiera en la década de los 20 ni en los 80 donde las sociedades gozaban de tranquilidad y bonanza económica y se liberaban de grandes prejuicios de fondo.
Internet es una herramienta poderosa, un medio masivo como ningún otro. La moda no podía escapar a sus influjos, a sus tentáculos. Hoy en día pululan en la red cientos de miles de blogs personales de moda, de street style, de consejos sobre como vestirse bien, de belleza, y de cuánto tema se nos ocurra vinculado con la apariencia. Eso es estupendo. El contenido, cada vez pasa menos por un intermedario y llega directo al consumidor final. El consumidor final elige los contenidos que le satisfacen y los que consumirá reiteradamente. Creo que nunca fuimos tan importantes y valorados como consumidores de información. Todos aquellos que crean y producen sienten nuestra cercanía hasta un punto casi íntimo.
En mis inmersiones en la red -algunas veces estilo apnea y otras con tanque de oxígeno- encuentro joyas, pero también encuentro la copia de la copia de la copia de la copia de lo que fue la imagen primera, la idea principal, la fuente de todo. Los blogs de moda empiezan a aburrir porque muchos de ellos son una redundancia inmensa, una reiteración descarada de aquellos que son productores de contenido. Alguien en Helsinki escanea una revista que salió esta semana y ya tenemos 5438 blogs, en todos los rincones de este mundo, haciendo copy/paste de la editorial de moda que llamó la atención del primer usuario en Helsinki. Eso esta bien. La información nunca fue tan activa en las manos de sus consumidores. Quizás nunca antes la información fue tan “democrática”.

Y sin embargo, me estaba pasando que yo, que nunca he querido ser clónica, que siempre he sido una especie de paria social, una rara, una excéntrica, una nena que se deja llevar por su olfato, he caído profundamente al agujero del “quiero lo que esta rabiosamente de moda”. Es decir: el vestidito de flores de turno (lo peor es que la tendencia morirá a los dos meses y si pega y tiene tirón máximo aguanta seis), los botines de print animal que llevan todas las chicas it y blogueras fashion, por citar dos ejemplos serios que dan vueltas en mi cabeza. Nunca he sido de las de: “lo necesito a morir o sin esto no puedo vivir”. Mis compras siempre han sido instintivas, no impulsivas. Pero ahora, siento que me he vuelto del rebaño, ahora hago parte de esa masa anónima y repetitiva que se uniforma con las tendencias de la calle. Dónde quedó la autenticidad?
Quizás por eso es que me fascina Lady Gaga. No me flipa su música, pero su propuesta visual me parece una ventisca fresca y poderosa entre tanta noñería, tanta flor y tanto moño. Ella definitivamente es una artista.
Hay muchas cosas hermosas para inspirarse en este mundo. Hemos producido muchísimo contenido desde que estamos erguidos. Por qué no desarrollar más nuestro lado creativo como individuos y llenar nuestros blogs de cosas no tan reiterativas, tener un sello propio echando mano de todo lo que conocemos?
* Me rehuso hoy a llevar vestidito de flores con escote palabra de honor en forma de corazón con botas dr martens y cazadora perfecto. Basta. Hoy, miró a la década de los 50 con su glamour y elegancia sobria y me visto emulando a las chicas de la costa azul francesa en primavera.

REFERENCIAS DE HOY
La década de los 50, Marilyn Monroe de veraneo y todas las actrices de la época dorada de Hollywood en plan vacacional. La simplicidad y elegancia de la combinación favorita de Coco Chanel, el blanco y negro.
OUTFIT
Blusa de punto con plumas > vintage + pantalones capri > MNG + Bolso > Meche Correa + Mocasines de charol > Paula Cahen D´Anvers + Muñequeras > La Casita de Wendy + Lentes bicolor > Ray-ban Wayfarer